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Identidad Personal

Falta de Madurez Emocional
Resultado: Crisis de Identidad Personal

(PhD) Marco Antonio Arizmendi T.
para Sambah.com

En los paises de latinoamérica, paradójicamente, vivimos un analfabetismo emocional que se refleja en la falta de autoestima e identidad.

Un ejemplo tán evidente como cercano se aprecia en el fútbol, con nuestra selección Sub 17 (de la cual ahora casi todos estamos orgullosos). Desde el pitazo inicial de cada campeonato los jugadores, el entrenador y los aficionados no piensan en ganar, sino en clasificar, y no en primer lugar sino en quinto o cuarto. Lo mínimo necesario; nos hemos acostumbrado a perder.

Este es el reflejo de una mentalidad perdedora que se resume en la frase: “matemáticamente es posible clasificar”, acuñada por los comentaristas deportivos, preñados de esperanza. Nuestra riqueza natural ha empañado la necesidad de entrenar nuestras mentes hacia logros mayores y el resultado ha sido el empobrecimiento a todo nivel. Es que siempre ocupamos los primeros lugares en casi todo lo malo, y los últimos puestos en todo bueno.

“La causa de ello es la falta de autoestima, valoración, dignidad y respeto a sí mismo”, así resume su reflexión Jorge Ernesto Handabaka García, especialista en desarrollo personal y recursos humanos quién hace aportes importantes en uno de los libros de Código Interno sobre autoestima desde Sambah

La buena o la mala suerte no existen, todo depende de nosotros mismos. Las fallas observadas en los partidos de fútbol demuestran la falta de confianza de cada integrante del equipo. Por eso vemos patadas al aire o autogoles. “En el fondo es un temor al éxito, solo nos conformamos con lo mediocre, manteniendo un perfil bajo”.

La autoestima es uno de los aspectos de la inteligencia emocional (determinante del éxito o el fracaso), al igual que la iniciativa, el optimismo, la motivación, la creatividad, la integridad y el compromiso. La actitud perdedora es histórica, se remonta a la conquista, cuando las grandes culturas andinas emprendedoras, constructoras e inventoras, fueron sometidas y esa derrota se impregnó en el inconsciente colectivo.

Marco Antonio Arizmendi alega que a ello se suma la educación que no hizo muy poco o casi nada por ayudar a salir de este trauma. Los planes educativos están orientados a la formación de empleados envez de emprendedores de aventuras de conquista hacia los negocios de largo plazo, sólidos y solventes.

Un sondeo determinó que de 60 estudiantes, 40 querían ser profesionales y de ellos, la mayoría, trabajar en una dependencia pública o privada, y nadie quería emprender un proyecto personal. “Lo común es escuchar: tengo mi trabajo seguro, mi sueldo y mi seguro”.

Gran parte de culpa la tiene el sistema educativo que comienza por los colegios, donde los profesores que viven de pésimos sueldos le quitan la iniciativa al alumno, sólo le enseñan a responder en el contexto del material entregado, pero no a crear. “Buen estudiante es quien repite mejor lo que dicta el profesor. Es cierto que debemos aprender de memoria algunas cosas, pero la educación no puede basarse sólo en eso, sino en motivar la originalidad, la flexibilidad mental, la fluidez de ideas y enseñar con un pensamiento de apertura y divergencia.

Estamos en un modelo, en esencia, represivo porque el docente es el único que tiene la respuesta, el poder. El alumno no puede preguntar demasiado “porque interrumpe la clase”. Si el profesor entendiera las inteligencias múltiples, comprendería que hay niños que aprenden mejor conversando o intercambiando ideas porque han desarrollado la inteligencia interpersonal”.

EL RETO LATINOAMERICANO

El Dr. Marco Antonio Arizmendi aconseja que para salir de esta situación es necesario centrarse en cuatro factores gravitantes: fortalecer la autoestima: sabernos dignos, valiosos, capaces, significativos, merecedores del éxito y del triunfo. Esto debe trabajarse desde la infancia.

El optimismo, implica pensar en forma positiva. Las iniciativas pueden irnos mal, pero si somos optimistas encontraremos lo positivo en lo negativo. Un ejemplo extremo es cuando Cristo dijo a sus discípulos: “qué blancos y hermosos dientes tiene este animal”, mientras miraba el cadáver de un perro, a la vez que ellos se tapaban la boca. Esa es una manera de ver las cosas de la mejor manera.

La integridad, implica formar personas honestas, espirituales y en valores. Nuestro sistema se está desmoronando, miremos las estad;isticas de de corrupción, violencia familiar y delincuencia aumentando descontroladamente la falta de respeto a los demás y así mismos.

El trabajo en equipo es un aspecto interpersonal de la inteligencia emocional. A muchos les gusta trabajar solos, por la desconfianza, somos desunidos. Eso se ve en las empresas, donde cada área está desmembrada de las otras, y actúan con recelo. Cada quien tiene su mundo y sus propios objetivos, se puede observar la falta de interés colectivo y la descoordinación. Por eso, pese a que trabajan duro, no desarrollan como si fuera una canoa en la que hay ocho personas que reman en dirección diferente, y pasan las horas y avanzan muy lentamente. Si todos se pusieran de acuerdo y empujaran en la misma dirección, todo sería más fácil y harían el menor esfuerzo.

El trabajo en equipo tiene la particularidad de buscar el objetivo común con metas colectivas que producen sinergias. “Las sinergias negativas significan: 2 + 2 igual a 1, mientras que las sinergias positivas implican: 2 + 2 igual a 5”.

De otro lado, es necesario rescatar la vocación de servicio. La gente trabaja solo por un pago, pensando solo en el beneficio personal. El servicio es motivador cuando implica una solución colectiva que a su vez beneficia a los individuos que co-partcipan laborando, aunque el acto de aliviar el sufrimiento humano, ajeno a uno, procura la alegría de pertenecer a un grupo de personas que saben amar y que por lo tanto dan muestras de felicidad, tratando con cortesía y amabilidad a las demás personas.

La inteligencia emocional tiene mucho que ver con la inteligencia de éxito que también comprende a la creatividad, a la comunicación, la comprensión, la empatía y la motivación. Estos factores son determinantes del éxito hasta en un 90% en términos generales.

Se ha demostrado que las personas que triunfan no son las que tienen más inteligencia cognitiva o racional o más conocimiento, sino las que desarrollan su inteligencia emocional, es decir que se valoran, se respetan, son optimistas, luchadoras, tratan de servir a los demás, son unidos: son líderes. Un joven puede ser el mejor de su clase o de su promoción en diferentes materias, pero si le falta autoestima, al dejar la universidad buscará un trabajo de empleado o terminará de taxista. Si su autoestima es alta puede terminar de Presidente de la Nación en la Nasa, si se lo propone con gran intensidad y perseverancia. Sin embargo, sin lo escencial será como una veleta que solo sabe seguir la dirección en que sopla el viento, para que quien navega pueda escoger el rumbo adonde piensa dirigir su nave.

Así mismo se puede asociar a las personas con atributos de liderazgo, como los comunicativos, los más traviesos, expresivos, juguetones y creativos quienes terminan siendo los mejores en las empresas. Ejemplos sobran: solo hay que observar a los políticos y comerciantes de mucho dinero. Exitosos empresarios que empezaron desde abajo conquistando progresivamente cada uno de sus avances hacia la prosperidad. “Hasta ahora la inteligencia emocional se la ha dejado que crezca espontáneamente, pero cada vez cobra más fuerza la necesidad de educarla en los colegios, universidades, empresas y en los diferentes medios de comunicación”.

EN LA EMPRESA

El pensamiento positivo y todas las fuentes de la psicoterapia laboral recomiendan la uto-prohibición de los comentarios negativos, el chisme y las burlas. Los reclamos deben ser en modo asertivo y con respeto. Un pensamiento negativo conlleva a una actitud mental negativa y eso termina en pesimismo, depresión, fracaso y, a veces, hasta en suicidio.
Por el contrario, es conveniente premiar las ideas creativas en la solución de los problemas e incidir en la vocación de servicio, es decir que cuando hacemos o vendemos algo, pensemos en que con ello estamos solucionando una necesidad del otro.

Un trabajador con baja autoestima habla mal del jefe y de los compañeros, se pelea, se siente incapaz o no asume responsabilidades por temor a equivocarse. “Eso no me corresponde, eso le toca a otro”, son el tipo de respuestas comunes.

Muchos empresarios y jefes o gerentes con baja autoestima maltratan a las personas de su equipo, porque se sienten superiores a estos, pero como no pueden crecer por si solos entonces descargan a los subordinados exteriorizando sus propias culpas o temores, gritando, ofendiendo y hasta insultandolos. Su final es el fracaso por falta de liderazgo.

“El cambio comienza con uno mismo, a través del Discernimiento, descubriendo y destramando nuestro Codigo Interno con sus paradigmas; así, al entender mejor las causas de los efectos, empezamos a tratar mejor a los demás, así y solo asó podremos acercarnos al éxito. Tengamos en cuenta que la capacidad del ser un humano es inmensa, que la podemos aprovechar mejor dando pasos pequeños pero significativos hacia la mejora personal. Si no triunfamos es porque no queremos, pues sólo usamos el uno por ciento de nuestro cerebro, el resto está inactivo”.

Julio César: Cuando uno de sus generales le dijo, “si tenemos suerte conquistaremos esta ciudad”, éste le respondió “la suerte la creamos nosotros mismos”.

El admirador de un golfista español le comenta, “usted ha ganado tres campeonatos, qué suerte tiene”. El deportista le contestó, “cada vez practico más y cuanto más entreno tengo más suerte”.


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