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Sobre el Ego

Falta de Madurez Espiritual

Resultado: Alejamiento, Aislamiento, Desamor, Egoísmo, Barreras Personales

Autor: Dra. (PhD) Sonia Flint Blanck
Para Sambah.com desde Lima, Perú.

El EGO es un tema muy interesante que ha sido tán analizado desde diferentes ángulos por los más grandes psicoanalistas y filósofos, y sin embargo encuentra uno muy singular cuando el individuo comienza a ensayarse en las nuevas dimensiones del portal del Discernimiento.

En la filosofía del Samkhya-Yoga (dos de las 6 escuelas filosóficas tradicionales de la India) el verdadero Yo es eterno e inmóvil, es el Purusha que se diferencia de la Prakriti, principio de la materia y de la naturaleza psico-mental. El Purusha no puede nacer ni ser destruido, es puro, eterno y libre. La liberación no es otra cosa que la toma de conciencia de su eterna libertad.

Cada Purusha está completamente aislado, ya que no puede tener contacto con el mundo ni con los restantes espíritus. El cosmos está poblado por Purushas eternos, libres e inmóviles. Mónadas entre las que no es posible ninguna comunicación. Se trata de una concepción trágica y paradójica del espíritu que fue objeto de ataques enérgicos por parte de los doctores budistas y maestros del vedanta. El Buda era radical en esto, esta negación era exigida para llegar al Nirvana.

Pero el pensamiento hindú no se quedó aquí, en una tentativa en la que la liberación hubiera de ser conquistada a un precio tan alto como es la negación total de la vida y la personalidad humana. El genio hindú no agotó sus recursos con soluciones tan extremas y exclusivas y el Bhagavadgità presenta otro método para obtener la liberación, sin necesidad de renunciar al mundo.

El mensaje del budismo respecto al yo se resume en estas frases:

“Creer en la existencia de un yo es caer en la herejía de la permanencia; negar el yo es caer en la herejía de la aniquilación con la muerte”, o sea que negando la realidad del yo se llega a una paradoja: una doctrina que da máxima importancia al acto, pero también niega al agente de este acto, o como diria un doctor budista más tarde, “solo existe el dolor, pero no hay modo de encontrar al que sufre”. Buda nunca quiso ser explícito en esto, pues sabía que la creencia en un Atman llevaba a muchas disquisiciones metafísicas y fomentaba el orgullo intelectual, en vez de la liberación. Las innumerables controversias alrededor del Yo o la naturaleza del Nirvana tenían (como respuesta de Buda) la solución en la experiencia del despertar (son problemas insolubles del pensamiento).

De todos modos, Buda aceptaba una cierta unidad y continuidad de la “persona” donde él mismo afirmaba “esta es mi última reencarnación”, admitiendo así (implícitamente) la continuidad de la persona de encarnación en encarnación.

Hoy en día, todavía se duda en llamar “yo” a la verdadera persona que pasa de una existencia a la otra, pero paradójicamente se habla de “la reencarnación” en el budismo tibetano. Buda defendía que el único modo de llegar al Nirvana era siguiendo su método. En esto era radical.

Haremos un salto cuántico en el tiempo:

En Herman Hesse, en su libro Shidartha o su novela Narciso y Golmundo, los dobles personajes reflejan uno la postura ortodoxa de seguir la Ley (enseñanzas búdicas) y el otro un proceso heterodoxo, encontrando igualmente la liberación. Una posibilidad de “la otra vía”, la que es el “My Way” (a mi manera). Hay unas frases atribuidas a Claudio Naranjo que reflejarían esta última actitud, dice así:

El Camino

No hay instrucción autoritaria que dar.
Ni ningún ideal a seguir.
No hay ningún camino en particular.
Sin embargo, busca tu camino, tu propio camino.
Todo camino que ha sido tomado en préstamo o dictado
Lleva al fin a un callejón sin salida.
Pero tu propio camino no es otra cosa que tu presencia en la vida.

Encuentro estas frases sencillamente preciosas, una joya que me recuerda a la joya de la literatura de Antonio Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar, caminante no hay camino, sino estelas en la mar…”


Vayamos ahora al occidente contemporáneo. La definición que da la Gran Enciclopedia Catalana del vocablo “jo” es:

“2.1. psicol.: Unidad dinámica que constituye el individuo consciente de su propia identidad y de su relación con el medio; resultante como el punto de referencia de todos los fenómenos físicos.

2.2. psic/psiq.: Según el psicoanálisis, instancia psíquica que une el ello con el mundo exterior y hace de puente entre el ello y el super-yo. Resulta de la diferenciación que el contacto con la realidad exterior impone al ello (estructura psíquica primitiva). Lo cual implica un sistema de adaptación a la realidad.

3. filos. Para Kant, el “yo” es la unidad que acompaña a toda representación…

Vemos, pues, el “yo” como un punto de referencia, como un controlador, como centro de los fenómenos psíquicos… (posición que no comparten los que defienden sistemas budistas).

Mi amiga y colega en psicología, Laura Martínez en su artículo “En torno a la imágen” en la revista Conciencia Sin Fronteras dice textualmente: “… el de siempre es sólo un suplantador. Ese suplantador funciona construyéndose a sí mismo. Novelando experiencias o relacionando formas, creando estructuras que uno podría ver semejantes a las de los átomos. Elementos girando en torno a un núcleo que no es más que la idea de “yo”. La actividad, las ideas, los logros y los fracasos son atrapados por la fuerza de gravedad de ese núcleo…“.

Más adelante califica a la “idea de yo” (supuestamente que no existe) de psicosis colectiva. Y sigue “… ser tal cual somos se nos antoja un riesgo por la sencilla razón de que no confiamos. Y no confiamos porque no nos hemos reconocido como nosotros mismos, porque tememos renunciar a la identidad ficticia que creíamos ser…“.

¿Quién somos pues?

¿Necesitamos ser tan radicales con el “yo”?

Esta postura no sólo es defendida por los budistas tradicionales. Heterodoxos como Allan Watts también plantearon esta cuestión de un modo parecido. Aunque Allan tiene una frase que rompe la paradoja: “El universo yoa” (del verbo yoar). Hacemos una prueba pues… (meditación) y vemos que el “yo” desaparece de la conciencia como nombre, ¿hay centro en esta conciéncia? ¿hay punto de referencia?

Quizas la conciencia que observa sin juicios es lo que nombramos yo en psicosíntesis, pero no avancemos ideas. Los sub-yo o sub-egos, en psicosíntesis, se irán ampliando, conociendo, relativizando, integrando… en un contexto mayor, el verdadero Yo, que se manifiesta como inmóvil, es el Purusha que se enseña en las escuelas de yoga actuales, que no es el Purusha original de la filosofía shamkia-yoga, ya que aquel Purusha es incontaminado y este testimonio inmóvil sólo sería un reflejo del real.

Vamos a ver qué dice Carl G. Jung:

El yo es el punto focal de la conciencia. El yo es el portador de nuestra conciencia consciente de existir, así como el sentimiento permanente de identidad personal. Es el organizador consciente de nuestros pensamientos e intuiciones, de nuestros sentimientos y sensaciones. Es el portador de la personalidad. El yo surge del si-mismo… desempeña papeles de crucial importancia. Percibe significados y evalúa valores, actividades que favorecen la supervivencia y hacen que la vida valga la pena vivirse”.

El eje ‘ego – sí mismo’ es crucial en este contexto, pues afirma la importancia del yo a la vez que lo relativiza, ya que su origen es el arquetipo sí-mismo como centro verdadero del “individuo”, en parte personal, en parte transpersonal (inconsciente individual y colectivo).

Punto de vista parecido encontramos en R. Assagioli, “Psicosíntesis”.

El yo personal y el Transpersonal son, de hecho, la misma realidad experimentada en diferentes niveles: Nuestra verdadera esencia tras cualquier tipo de máscara y condicionamiento“. El yo personal en psicosíntesis es la conciencia pura, que una vez se ha desprendido de los elementos psicológicos que la estructuran y refuerzan tiene la tendencia de volver a su origen el Yo Transpersonal. A partir del momento en que se descubre la confianza en sí mismo y la individualidad, puede empezar una transición progresiva hacia una comprensión global de la universalidad. Para que no haya errores de interpretación, quiero añadir las afirmaciones siguientes:

“El yo es la experiencia psicológica más fundamental que tenemos: la conciencia cristalina, clara y limpia”. “El yo no es una realidad que haya de admitirse a ciegas. Es algo que se puede comprobar continuamente en nuestra vida diaria, pues es puro silencio interior”.

Este yo personal es el que puede reconocer las diferentes subpersonalidades presentes en el individuo, pues ve las diferentes subpersonalidades que son satélites psicológicos que coexisten con una multitud de vidas dentro del conjunto global de nuestra personalidad. Trabajar nuestras sub-personalidades (sub-egos) es aumentar nuestra unidad, aumentar el sentido del Yo tal como se entiende en psicosíntesis.

Esta cuestión es trabajada también por Virginia Satir, que compara la personalidad con un teatro en el que actúan diferentes personajes, “amor”, “estupidez”, “desamparo”… que se disputan el poder entre ellos, hasta que uno pregunta “¿Quién es el encargado?”. Esta sería la función del yo en Virginia Satir… recordemos aquí a Karen Horney con su yo débil (yo neurótico) y el yo fuerte (menos neurótico).

Para terminar la vuelta por el occidente contemporáneo citaré a Jim Leonard, creador del vivation, y su definición del yo como:

Parte de un individuo que percibe y contempla realidades, clasifica realidades en conceptos, crea y refina modelos de realidad, crea y adopta o rechaza contextos nuevos, descubre contextos exixtentes y/o bien continúa usándolos o rechazándolos o estructurándolos, y/o bien mantiene el contenido en un cierto contexto o reclasifica el contenido de un contexto a otro“.

Me gustaría dar entrada a Alexander Lowen con el concepto de Ego-Self. También a Berne, con el concepto de adulto frente al “Padre” y al “Niño” en el Análisis Transaccional, es decir, estado adulto del yo, estado padre del yo y estado niño del yo… y a los reduccionistas conemporáneos, en el nivel cerebral, en el que el lóbulo frontal tiene una función, el occipital otro… manteniendo un equilibrio entre las diferentes zonas cerebrales y del sistema según la información que llega de todas las partes del cuerpo exteriores o internas, vía nerviosa u hormonal… sólo para reflexionar digamos que si uno se pone frente a un espejo “como si” estuviera contento el tiempo suficiente, el cerebro terminará elaborando las substancias de “contento” y realmente se termina sintiéndose contento de verdad (internamente). Esto nos daría una idea del estado dinámico del centro cerebral.

La comunión entre oriente y occidente está muy lejos de producirse, pero los esfuerzos y los pasos que se han hecho son muy útiles. Los puristas, los ortodoxos de los sistemas no verán con buenos ojos una síntesis, pero me inclino a pensar que visiones como la psicosíntesis, Jung… que están a caballo entre las dos culturas, son un paso a considerar, como soporte, como estelas en el mar en este viaje que es nuestra vida.

El camino es único para cada uno, pues cada uno tiene una casa (pautas fijas de pensamiento) que ha de derribar para encontrar el tesoro que encierra. A continuación unas palabras de Rumi (maestro sufi):

“Destruye tu casa y con el tesoro oculto en ella
podrás construir miles de casas.
El tesoro está debajo de ella;
no hay más remedio,
no dudes en derribarla,
¡No lo demores!”

Madurando hacia una Personalidad Superior

Así como hay dos polos en un imán, uno positivo y uno negativo; las personas también cargamos con dos personajes en disputa; uno de ellos es el que se afana por el éxito material y el otro que aspira a elevarse espiritualmente. La descripción brindada por Sogyal Rinpoche en la obra “El libro tibetano del vivir y del morir” explica a las mil maravillas este descubrimiento: “Dos personas han estado viviendo en ti durante toda tu existencia. Una es el ego: charlatana, exigente, histérica, calculadora; la otra es el ser espiritual oculto, cuya queda y sabia voz has oído y atendido sólo en raras ocasiones”.

Hay que diferenciar entre el amor propio, o el orgullo sano, del Ego, aquel con cierta connotación egoísta que se basa en las comparaciones; es la diferencia básica. Cuando se trata del Ego uno siempre se compara: soy superior a los otros, soy mejor que tú, estoy más elevado que tú, soy más piadoso que tú; yo soy un santo, y tú un pecador. Por cualquier razón nacen las comparaciones como si hubieran personas superiores e inferiores.

El orgullo no llega a ser comparativo. Simplemente aisla a los demás diciendo: me respeto a mí mismo, me amo a mí mismo, simplemente estoy orgulloso de ser quien soy; sólo por estar en esta maravillosa existencia.

Mi respeto por mí mismo no es un obstáculo para que tú seas respetuoso contigo mismo. De hecho, me encantaría que te respetaras a ti mismo, porque si tú no te respetas, ¿quién te va a respetar? Si no estás orgulloso de ser un ser humano, la consciencia más evolucionada de la existencia, entonces ¿quién va a estar orgulloso de ti?

Y tu orgullo no es realmente otra cosa que un agradecimiento por todo lo que la existencia te ha dado; es tremendo, no somos dignos de ello, no nos lo merecemos. No nos lo hemos ganado, no tenemos derecho a exigirlo; simplemente la existencia nos lo ha dado todo desde su abundancia…

El amor propio es respeto sin comparación. El orgullo es dignidad, un sentido de dignidad que la existencia quiere que tengas: esa existencia te ha creado, esa existencia te necesita; eres bienvenido a la existencia. No eres un niño no deseado, un huérfano; la existencia te nutre a cada momento, te da vida, luz, todo lo que tú necesitas.

Humildad, timidez y miedo

¿Cuál es la diferencia entre ser humilde, ser tímido, y simplemente esconderse por miedo?

La diferencia entre ser humilde, ser tímido, y simplemente esconderse por miedo es inmensa. Pero la inconsciencia del hombre es tal, que ni siquiera es capaz de distinguir entre sus propios actos y sus respuestas a la realidad; por otra parte, la diferencia es tan clara que hasta hacer la pregunta carece de sentido.

Profundicemos en la palabra “humildad”. Todas las religiones le han dado una connotación errónea: con humilde quieren decir justamente lo opuesto a egoísta; pero no es eso. El ego se esconde detrás de diferentes máscaras y se deja ver de vez en cuando a través de lo que llaman “humildad”. Sin embargo el lenguaje no-verbal delata al Ego en su propia parodia, justamente cuando la persona humilde hace esfuerzos en mostrar su “humildad”; y eso es ego. La humildad usa el silencio para manifestarse.

La historia de los tres frailes cristianos comienza en sus monasterios cercanos en las montañas al tener que cruzarse en el camino todos los días. Un día hacía tanto calor que decidieron parar a descansar y hablar un poco entre ellos. Después de todo eran todos cristianos; puede que pertenecieran a diferentes sectas, pero sus bases eran cristianas. Mientras se sentaban a la sombra de un árbol, el primero dijo: “Está claro que vuestros monasterios deben tener algo, pero no tienen la sabiduría ni la erudición que encontrarás en el nuestro”. El segundo dijo: “Eres tú quien ha sacado el tema, por eso os tengo que decir que vuestros monasterios pueden tener erudición, pero esa no es la cuestión. Nadie es más austero y disciplinado que la gente de nuestro monasterio, su austeridad es incomparable, y en el momento del juicio final, recordad, la erudición no se tendrá en cuenta. Lo que contará será la austeridad”. El tercero se rió y dijo: “Ambos tenéis razón acerca de vuestros monasterios, pero no conocéis la verdadera esencia del cristianismo, la humildad. Nosotros somos los más humildes”.

Es simplemente un ego reprimido. Por avaricia, por la tremenda avaricia de entrar en el paraíso y disfrutar todos sus placeres, un hombre es capaz de reprimir su ego y volverse humilde. Antes de que te pueda decir lo que es la verdadera humildad tienes que comprender la falsa humildad. A menos que comprendas la falsa, es imposible definir la verdadera. De hecho, al entender la falsa, la verdadera surge por sí sola.

De ahí que el auténtico hombre humilde sea muy difícil de comprender, porque no será humilde de la manera que la mayoria han aprendido a percibirlo. Habremos conocido montones de personas humildes, pero tuvieron su dosis de egoismo y muy posiblmenete hace falta suficiente perspicacia para saber que se trata de un ego reprimido.

Una vez vino a mi casa una misionera cristiana, una mujer joven y preciosa. Me regaló la Sagrada Biblia y algunos otros panfletos, ella parecía muy humilde. Le dije: “Saque toda esta basura de aquí. Esta sagrada Biblia es una de las más sacrílegas escrituras del mundo”; e inmediatamente explotó, olvidándo toda su humildad. Yo le dije, “puede dejar la Biblia. Sólo ha sido una prueba para mostrarle quién es usted. Usted no es humilde; de otra forma no se hubiera sentido herida”.

Sólo el ego se siente siempre herido.
No se puede herir a un hombre Humilde.

La verdadera humildad es simplemente la ausencia del ego. Es abandonar toda la personalidad y la decoración acumulada, y ser como un niño que no sabe quién es, que no sabe nada acerca del mundo. Sus ojos son claros; puede ver el verde de los árboles con la mayor sensibilidad. La visión del Ego está llena del polvo que se conoce por “conocimiento”.

¿Y por qué has acumulado este polvo que te está dejando ciego?

Porque en el mundo material, el que conocemos, el conocimiento le da un tremendo poder a tu ego. Tú sabes y los demás no.

Pero el hombre humilde no sabe nada. Ha completado el círculo de regreso a la inocencia de su infancia: está lleno de asombro; ve misterios en todas partes; recoge piedras y conchas de la playa, y se siente tan feliz como si hubiera encontrado diamantes, esmeraldas y rubíes.

Cuando yo era niña, mi madre tenía muchos problemas conmigo; y lo mismo le pasaba a mi sastre, porque yo le solía decir: “Póngame todos los bolsillos que pueda”. Y me decia: “Con una sola condición: que no le digas a nadie quién te lo ha hecho –respondía él- por tu culpa estoy perdiendo clientes.

Yo llevaba bolsillos por delante, por detrás, por los lados, en los pantalones, tantos como era posible. “Donde encuentre un pequeño espacio, ponga un bolsillo” –le pedía yo.

“Necesito todos esos bolsillos -explicaba yo- porque en el río de mi aldea había tantas piedras de colores tan maravillosas que tenía que recogerlas, y necesitaba bolsillos diferentes para los diferentes colores”.

Mi madre se enfadaba mucho porque yo me iba a dormir con mis piedras en los bolsillos, mientras dormía, ella me las sacaba. “¿Cómo puedes dormir con tantas piedras?” Yo le decía que eso era hacer trampa; no se me debería hacer nada mientras estuviera dormido.

La infancia posee una inmensa claridad. En esta claridad, en esta transparencia, bajo esta perspectiva, el mundo entero es un milagro.

El hombre humilde regresa a esta milagrosa existencia. Nosotros la damos por supuesta, pero no vemos cómo del mismo suelo florecen lotos, rosas y millones de otras flores. La tierra no tiene colores, ¿de dónde vienen esos preciosos colores?; la tierra es muy tosca, ¿de dónde vienen las rosas aterciopeladas?; la tierra no tiene verdor, ¿de dónde viene el verde de los árboles?

El hombre humilde es como un niño otra vez. No tiene exigencias, sino sólo gratitud; gratitud por todas las cosas; gratitud incluso por cosas por las que tú ni puedes concebir que se pueda estar agradecido.

Un hombre humilde vive una vida de gratitud incondicional; no sólo gratitud hacia Dios, sino también hacia los seres humanos, los árboles, las estrellas, todas las cosas.

Ser tímido es otra forma del ego. Se ha convertido en algo casi ornamental. Se considera que las personas que se sienten tímidas, en Oriente particularmente las mujeres, tienen una gracia especial; pero son tímidas porque se piensa que serlo es algo maravilloso.

En Occidente, poco a poco esa timidez está desapareciendo porque ya no se piensa que tenga valor alguno; simplemente muestra una larga tradición de esclavitud. La mujer occidental moderna también se ha deshecho de ella porque esa una cadena que la ataba, y necesitaba romper para liberarse.

La persona sin ego nunca se siente tímida. Si dices algo que no es verdad acerca de él, él mismo lo desmentirá. Quiere exponerse a sí mismo en absoluta autenticidad.

Y por último, “esconderse por miedo”, son todas manifestaciones diferentes e indirectas del mismo ego: la falsa humildad. Excepto el ego, no hay elemento en uno que pueda sentir miedo nunca, porque el ego es lo único que es falso y que tiene que morir.

A través del tiempo lo único que realmente muere, y ha estado continuamente muriendo, en cada muerte física, que muere una y otra vez, es el ego. El cuerpo vuelve a los elementos naturales, la consciencia vuelve a la consciencia universal, o a una nueva forma de consciencia; de tal manera que lo único que muere, una y otra vez es el ego. Siendo así, es el ego es la raíz que causa todos los miedos.

Un hombre sin ego es también un hombre sin miedo.

Las diferencias también crearon a las imperfecciones y desde tiempos remotos las personas han tratado de ser más perfectos. Sin embargo, para ello crearon un sistema de premios y castigos utilizando sus propios poderes, los poderes materiales, los poderes que podian sertir y comprobar con la vista. Aquellos poderes que se manifestaban tangibles a las demás personas. Dicho sistema retroalimentó durante milenios, por no decir millones de años nuestro sistema de valores basados en jerarquias, basadas en las diferencias materiales, es decir en los egos humanos.

En lo que a mí concierne, el día que mi ego desapareció, encontré una clase de humildad totalmente nueva, sin miedos, totalmente libre y sin necesidad de compararme o comparar. Más bién las diferencias eran pero solo de colores, de gustos, de semántica, sin asociación a valores culturales, pues también atemporales.

Tú también puedes tener esta experiencia, y hasta que no la tengas, tu comprensión intelectual no será lo suficiente. Los recursos en Sambah.com, encontrarte contigo mismo, conocerte y así también conocer a los demás, entrenar tu mente mediante la meditación y el discernimiento, te pueden ayudar a deshacerte del ego.

Osho, en su libro sobre “Los misterios de la vida” expone conceptos interesantes acerca del Ego, manifestando la urgente necesidad de desembotellar, de sacar nuestras vidas del Ego mediante trabajos concientes y de esfuerzos. La psicoterapia también tiene componentes de metafísica en su enfoque holístico.

El ego es la causa de que nuestra conciencia se encuentre dormida. Nuestra conciencia no puede expresarse porque somos víctimas de las circunstancias, títeres de los egos, yoes, demonios o defectos.

La humanidad entera es manejada como un títere, controlada por los egos.

El cerebro es un órgano transmisor, él recibe las órdenes y las distribuye al cuerpo según el defecto que domina nuestra mente en ese momento. El cerebro es el centro que controla el cuerpo físico.

En la esencia, en la conciencia, se hallan depositados los datos indispensables para la regeneración, para la Auto-Realización íntima y la vivencia completa y verificación directa de las cosas.

Si en este elemento primario se encuentran los principios básicos de la regeneración, obviamente lo primero que debemos hacer es destruir, aniquilar esa segunda naturaleza de tipo infernal dentro de la cual se halla aprisionada la esencia.

Al liberar “la esencia”, nuestra escencia, al despertarla, obtenemos varios beneficios:

-Primero: tiene la capacidad de orientarnos y dirigir sabiamente nuestros pasos por la senda del filo de la navaja, que ha de conducirnos hasta la liberación final.

-Segundo: nos permite vivir las experiencias directas, iluminación íntegra, vivencia luminosa, manifestación y confirmación práctica.

Existen varios tipos de energía dentro de nosotros mismos: energía mecánica, energía vital, energía psíquica, energía mental, energía de la voluntad, energía de la conciencia, y energía del espíritu puro.

Por mucho que multiplicáramos la energía mecánica jamás lograríamos despertar la conciencia, por mucho que incrementemos las fuerzas vitales dentro de nuestro organismo nunca llegaremos a despertar la conciencia. Muchos procesos psicológicos se realizan dentro de nosotros mismos, sin que por ello intervenga para nada la conciencia. Por muy grande que sean las disciplinas de la mente o aunque multipliquemos hasta el infinito la fuerza de la voluntad, no conseguiremos despertar nuestra conciencia.

Todos estos tipos de Energía se escalonan en distintos niveles y dimensiones que nada tienen que ver con la conciencia.

La conciencia sólo puede ser despertada
mediante trabajos concientes y esfuerzos proyectados.

En la esencia está la religión, el Budha, la sabiduría, las partículas de dolor de nuestro Padre que está en los cielos y todos los datos que necesitamos para la Autorrealización Íntima del Ser.

Nadie podría aniquilar el Yo Psicológico sin eliminar previamente los elementos inhumanos que llevamos dentro. Incuestionablemente cuando el Yo Psicológico ha muerto, resplandece en nosotros la Esencia. La Esencia libre nos confiere belleza íntima; de tal belleza emanan la felicidad perfecta y el verdadero Amor. La Esencia posee múltiples sentidos de perfección y extraordinarios poderes naturales.

Con el despertar de la Conciencia se pueden conocer los Misterios de la Vida y de la Muerte, se puede experimentar eso que no es del tiempo, eso que es la Verdad.

Los fenómenos naturales en modo alguno, coinciden exactamente con los conceptos formulados por la mente. La vida se desenvuelve de instante en instante y cuando la capturamos para analizarla, la matamos.

Cuando intentamos inferir conceptos al observar tal o cual fenómeno natural, de hecho dejamos de percibir la realidad del fenómeno y sólo vemos en el mismo, el reflejo de las teorías y conceptos rancios que nada tienen que ver con el hecho observado. Cuando pienso, no existo, sino solo luego, después de pensar.

El lenguaje de la conciencia es simbólico, íntimo y profundamente significativo.

Cuando nosotros emprendamos un trabajo serio sobre sí mismos, vamos desintegrando el Yo y liberando proporcionalmente la Esencia que se encuentra embotellada en el Yo y, esas partículas de Esencia liberadas, se van sumando a la Esencia o chispa Divinal.

Cuando toda esta Esencia que llevamos dentro ha sido integrada, pasa a unirse al Alma, desde luego este trabajo tiene que ser o llevarse al unísono con la creación de los Cuerpos Superiores Existenciales del Ser o Cuerpos Solares que servirán de vehículo a esa Alma.

Sugerencias para Superar el EGO y alcanzar la Consciancia Superior

Las siguientes sugerencias le ayudarán a ponerse en contacto con el ego y superarlo:

  • A medida que vaya adquiriendo conciencia de su ego, podrá librarse del egocentrismo y entrar en la conciencia superior.
  • Comience a llevar la cuenta de con cuánta frecuencia usa el pronombre “yo”. Al no centrarse en su propia persona estará superando el ego.
  • Intente conocer su ego y determinar cuando su ego influye y domina su vida. Pregúntese: ¿Estoy escuchando a mi falso yo o a mi yo espiritual?
  • Comience a considerar su ego como una entidad que le acompaña y que tiene un propósito. Es invisible y siempre está a su lado. Trata de convercerlo de que usted está separado de Dios, de su superioridad respecto de otros, y de que es “especial”.
  • El EGO quiere que usted se sienta ultrajado cuando recibe un trato incorrecto, cuando lo insultan, cuando no lo acarician; ofendido cuando no sale con la tuya, herido cuando pierde en una competición.
  • Primero conoce a esta entidad. Luego se percata de que está obrando en usted.
  • Por último, se libre de ella.
  • Escuche a los demás y no se centre en sí mismo.
  • Durante las conversaciones, concéntrese en lo que la otra persona está diciendo y en lo que siente. Luego responda con una frase que empiece por: “tú, usted”. Esto se denomina escucha activa. Es una manera de contener el ego y permitir que participe el yo espiritual.
  • Resista el hábito de permitir que el ego domine su vida.
  • Cuanto más se resista a permitir que su ego sea quien controle su vida, más pronto llenará el espacio que antes ocupaban las exigencias de su falso yo.
  • Practique la meditación diaria o el acallar su mente para deshacer la ilusión de que está separado del universo y que todas las almas son extensiones de la energía de Dios.
  • Comenzará a tratar a los demás como le agradaría que lo tratasen a usted.
  • Se sentirá conectado con todo y con todos.
  • Trate de borrar de su mente la palabra “especial”. Especial implica mejor que, o más importante que lo cual niega que Dios habita en cada uno de nosotros.
  • Todos somos especiales a los ojos de Dios: por lo tanto, nadie necesita la etiqueta de “especial”. No hay favoritos. No se relega a nadie. Todos somos Uno.
  • Escriba un diario. Trate de describir en que le beneficia sentirse ofendido.
  • Lo que lo ofende es obra de su ego. No pretenda que el mundo debería ser como usted es y no como en realidad es.
  • Dé más de sí mismo y pida menos a cambio. León Tolstoy, pasó de ser un egocéntrico a ser un servidor de Dios, luego de aprender muchas lecciones y pasar por tribulaciones. Y escribió lo siguiente: “El único significado de la vía es servir a la humanidad”.
  • Sea quien acaricie. Sea quien da cariño.
  • Recuérdese cada día que el más alto culto que puede rendísele a Dios es servir a la humanidad, y que mediante ese acto su yo espiritual se sentirá realizado.
  • Ponga fin a la búsqueda externa de la libertad y conozca el sabor de la auténtica libertad que es la comunión con su yo espiritual.

La auténtica libertad no necesita nada para demostrar su existencia. Sólo siendo auténticamente libre podrá amar, porque no existe amor sin libertad. La falsa libertad exige que tenga a la mano algo que dé fe de su existencia.


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