Hoy más que nunca se precisa trabajar la Inteligencia Colectiva
El camino hacia la creación de organizaciones inteligentes es complejo. La tradición burocrática-verticalista tiene siglos de historia y muchos éxitos a sus espaldas.
Autor: Jaime Valenzuela Z.
para Sambah.com desde Medellín, Colombia
Pasar a organizaciones inteligentes, exploradoras e innovadoras supone cambios difíciles de implementar. Algunas organizaciones que conozco y en las que trabajo lo están probando. Lo que exponemos son algunas de nuestras experiencias de más de 20 años de consultoria organizacional.
Las Comunicaciones
Lo primero que hay que evaluar para empezar a trabajar es el lenguaje.
Hablar de subordinados, jefes y jerarquías es referirse al modelo burocrático. El lenguaje es importante; lo que se define es.
El lenguaje de las organizaciones es masculino. Hay que introducir nuevas palabras: interconectividad, confianza, apoyo, aprender haciendo, horizontalidad, compasión, es decir, feminización del lenguaje.
Enfatizar lo colectivo sobre lo individual, sin perder de vista al individuo. Esto es parte de las metodologías que implican a las técnicas de la comunicación corporativa.
El héroe o el líder carismático, da seguridad, pero no ayuda al aprendizaje individual y colectivo. El héroe individual está bien para las películas pero crea vacío a su alrededor. Lo opuesto no tiene que ser un individuo perdido en el colectivo sino individuos que trabajan en colectividad.
En la misma línea, innovar e implementar las innovaciones no es un trabajo individual, sino colectivo.
Todos somos genios con ideas brillantes. Ponerlas en práctica supone, sin embargo, trabajo colectivo. Fomentar organizacionalmente al genio individual es un pasaporte al inmovilismo. Explicar el rechazo a ‘mis ideas’, a las resistencias al cambio, es una forma de ignorancia y de arrogancia. Pecado de tontos.
Entonces estamos tratando de promover el aprendizaje no a través de ‘lo que soy‘ sino de ‘lo que hago‘.
La empresa de consultoría ‘Otto Walter España’ acaba de publicar un estudio sugerente donde el factor ‘participar en proyectos’ aparece como el más valorado por los trabajadores profesionales. Se aprende no por lo que soy (ingeniero) sino por lo que hago (proyectos de ingeniería).
Cambiar el papel de los directores de línea
En vez de mandar, apoyar el desarrollo profesional. Los directivos deben saber qué competencias tienen los componentes de su equipo, cuáles han de desarrollar, qué dificultades personales y profesionales tienen para desarrollarlas y apoyarles activamente en su desarrollo. En definitiva, promover la empleabilidad.
Tener memoria histórica
La teoría del ‘kleneex’, usar mientras alguien es útil y tirarlo cuando ya no lo es (y, sobretodo, cuando no se ha ofrecido la oportunidad para el reciclaje) puede ser rentable a corto plazo pero fatal para la construcción de un clima de confianza, para la construcción del capital social. Un aviso para jóvenes depredadores: generar una cultura de desprecio ‘profesional’ hacia generaciones pretéritas, además de ser una estupidez, provoca el cavar su propia tumba profesional. La verdadera generación virtual está todavía cursando el bachillerato. Para bien o para mal ésa es la generación de la era de la información, no la que ahora comienza su andadura profesional.
La palabra vale más que cualquier documento
Y en fin, ser coherentes entre lo que se predica y lo que se hace. Nunca como ahora los discursos, lo que se dice que se hace, se distancia tanto de lo que se hace en realidad. La legitimación de la dirección pasa por su coherencia. Si ésta no existe, la comunidad inteligente se desvanece.
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